sábado, 6 de febrero de 2016

EL VINO MÁS BUENO DEL MUNDO








Justiniano Cenicci era un campesino de la Toscana Italiana más feo de Picio. Medía poco más de metro y medio, era cojo, le faltaba una oreja, tuerto del ojo izquierdo, con dientes de conejo y un pelo y una barba rojos que asustaban al género humano. No obstante él mismo se creía que tenía un cerebro privilegiado que paliaba su aspecto repulsivo y un día emigró a La Rioja porque su ilusión siempre había sido cultivar uvas y hacer experimentos con ellas. Después de mucho investigar y estudiar decidió que la mejor uva para mostrar al mundo su sapiencia era ésa, la del vino de Rioja. Se asentó en una casita solitaria, cerca de Logroño y plató sus viñedos en macetas, tipo bon sai. Les inoculó hormonas para retardar el crecimiento, azafrán para cambiarlos de color y esencia de remolacha para hacerlos más dulces. Cuando hacía buen tiempo los ponía al sol y cuando no, los colocaba debajo de bombillas. Los regaba dos veces al mes con una botella de litro y medio de agua oxigenada. Tardó diecisiete años y medio en tener su primera cosecha, de la cual consiguió sólo seis botellas y dos vasos que se bebió él mismo en cuanto fermentaron. Le entró tal soltura en el vientre que estuvo sentado en el retrete toda una tarde, más no le dio importancia. Echó en cada botella una pastillita para cortar la diarrea y asunto arreglado. Luego las llevó a vender a un famoso restaurante cuyo dueño, después de escuchar el proceso de elaboración, se las compró por el módico precio de setencientos treinta y nueve euros cada una. Aquella misma noche las sirvió en la cena que el flamante gobierno de la nación celebró para festejar la victoria en las elecciones generales. Murieron todos de una intoxicación vinícola. El dueño del restaurante fue a parar a chirona contento de haber salvado a su país y Justiniano Cenicci regresó a la Toscana decepcionado por su fracaso y temeroso de que descubrieran su participación en la salvación de España. Una pena, vino como ese deberían repartirlo con generosidad por el mundo entero... ¿ o no?


1 comentario:

  1. Mándame un ciento de esas botellas que a México le urge.

    ResponderEliminar